Evidentemente no podemos datar con precisión el momento en que el hombre empieza a interesarse por los astros y a realizar observaciones de los cuerpos más destacados: el Sol, la Luna, los planetas, etc. Pero si podemos hacernos una idea aproximada a partir de las construcciones que aquellos primeros pobladores nos han legado.
Puede que una de las construcciones prehistóricas más famosos en todo el mundo sea Stonehenge, que nos remonta unos 4700 años en el pasado. Todavía no está completamente clara su finalidad, ya sea religiosa, ya sea científica, ya sea una mezcla de ellas. Ni siquiera se puede ofrecer una fecha más o menos concreta para su construcción pues estudios recientes parecen indicar que el complejo megalítico de Stonehenge fue construido a lo largo de diversas etapas, con sucesivas ampliaciones y modificaciones, incluyendo muy probablemente elementos de madera hoy desaparecidos, y por tanto también resulta probable que la finalidad fuera variando según la época.
Lo que si está claro, como mínimo, es que fuera cual fuera la finalidad original, Stonehenge presenta importantes relaciones con el firmamento que podrían convertirlo en un candidato ideal a primitivo observatorio astronómico.
En primer lugar nos encontramos con los cuatro marcadores principales, las llamadas piedras 91, 92, 93, y 94, que forman un amplio rectángulo. Sus posiciones nos marcan la puesta de la Luna en mitad del invierno, la puesta del Sol en mitad del invierno, la salida de la Luna en mitad del verano, y la salida del Sol en mitad del verano. La alineación de estas cuatro piedras, formando ángulos de 90º, sólo es posible en esa latitud. Después nos encontramos con 56 pequeños agujeros, los llamados agujeros Aubrey, que se pensó podrían haber sido utilizados para medir la tres de los ciclos metónicos por los que oscila la Luna, cada uno de 18,6 años (18,6 x 3 = 55,8). Es posible que una de las funciones principales de este observatorio fuera marcar la posición de la salida del Sol en la mitad del verano. Diversas zanjas y avenidas contribuyen a ello.
Alrededor de 800 años después de las primeras etapas de Stonehenge, se añadieron cinco trilitos (grupos de tres bloques de piedra) en forma de U invertida. Cada bloque tiene un peso que oscila entre las 30 y las 50 toneladas, un dato impresionante teniendo en cuenta la época y que nos indica la importancia que se daba a este complejo. A través de los huecos que formaban las columnas de estos trilitos quedaban marcadas perfectamente las posiciones principales de salida y puesta del sol y la luna. Existe además un círculo externo de bloques de piedra arenisca formado por 30 bloques y, de entre todos ellos, sólo uno tiene una anchura que es la mitad del resto. Es decir que entre los 30 tenemos 29,5 "anchuras" de bloque, justo el número de días de una lunación.
Aproximadamente un siglo más tarde se excavaron toda una serie de agujeros rodeando el anillo externo de bloques. En la parte externa del anillo había 30 agujeros, en la interna 29. La suma total corresponde a dos lunaciones.
También es posible encontrar, dentro del recinto marcado por los trilitos, una estructura en herradura formada por bloques de arenisca. Y otros 59 bloques rodeando dichos trilitos. Estas estructuras podían haberse utilizado para marcar intervalos entre las posiciones lunares.
Como se puede comprobar, un impresionante complejo prehistórico que, si bien solo podemos conjeturar sobre su finalidad, bien podía haber funcionado como observatorio astronómico.