Se puede afirmar que la Luna es uno de los cuerpos celestes más fáciles de fotografiar, sino el más sencillo. Prácticamente con cualquier cámara podemos lanzarnos a tomar unas instantáneas de la Luna con garantías de éxito.
La luminosidad de este astro en el momento de "Luna llena" es la adecuada para tomar una fotografía. Esto es algo perfectamente lógico si tenemos en cuenta que la Luna y la Tierra se encuentran más o menos a la misma distancia del Sol, y que por tanto reciben la misma cantidad de luz. La luminosidad de la luna llena no va a ser muy distinta a la de cualquier paisaje terrestre a plena luz del día. Usando una película 100 ASA ya podemos obtener muy buenos resultados fijando la exposición de la cámara a 1/60, con F/11, y enfocando al infinito. Unos valores de lo más corrientes.
El diámetro de la Luna
Esta quizá sea la principal dificultad, y el principal motivo de decepciones al comprobar el resultado de nuestras fotografías. Aun usando objetivos de cierta calidad, el diámetro de la imagen captada de la luna sobre la película es muy pequeño. La relación es aproximadamente 1/100 de la distancia focal del objetivo empleado. De esta forma si se emplea el corriente objetivo de 50mm, la imagen lunar resultante tendrá un diámetro de 0,5mm. Un resultado sorprendente teniendo en cuenta el gran tamaño aparente que en ocasiones muestra la Luna sobre nuestras cabezas. Incluso usar un teleobjetivo de cierta consideración no es garantía de un tamaño aceptable: un teleobjetivo de 400mm ofrece una imagen en el negativo que no llega a los 4mm de diámetro.
Ampliar la fotografía, ya sea por medios convencionales, ya sea por medios digitales no es una solución válida pues obtendremos una imagen muy poco nítida o detallada.
La solución a este problema es utilizar distancias focales mayores. A los teleobjetivos se les pueden acoplar duplicadores de focal, que nos permiten obtener imágenes mayores sin necesidad de objetivos más aparatosos. Pero la mejor opción, sin duda, es fotografiar la luna mediante un telescopio.
Fotografiar con telescopio
Fotografiar a través de telescopio nos va a permitir obtener imágenes detalladas, que nos permitan empezar a distinguir hitos del relieve lunar como por ejemplo circos o cráteres, casi con los instrumentos menos sofisticados. Un "modesto" refractor de 60 mm de diámetro y unos 900 mm de focal, equipado con un duplicador de focal, ya puede darnos grandes satisfacciones.
Si deseamos fotografiar la Luna llena con las cámaras y películas más corrientes, la distancia focal que nos va a proporcionar mejores resultados ronda los 2 metros, teniendo en cuenta que más allá de los 2,5 metros no podremos abarcar el disco completo en la película. Dada la luminosidad del objeto fotografiado no hay problemas con los tiempos de exposición, así que no debemos preocuparnos de realizar un seguimiento de la Luna con la montura del instrumento.
Si deseamos utilizar toda la potencia que nos ofrecen los telescopios para fotografiar detalles concretos de la superficie lunar ya deberemos tener en cuenta la luminosidad. A mayor aumento, la luz captada por el objetivo del telescopio se repartirá por una superficie mayor. De este modo para mantener el nivel de luminosidad en la foto, se deberá aumentar el tiempo de exposición. Con estas exposiciones más largas si deberemos compensar el movimiento de rotación de la Tierra; deberemos realizar un seguimiento de la Luna con el telescopio. Existen sofisticadas monturas motorizadas que nos servirán de gran ayuda para ésto.
En cualquier caso, al realizar fotografías a través de un telescopio, siempre se debe tener muy en cuenta que cualquier vibración, hasta la aparentemente más imperceptible, puede arruinarnos la toma.