Como cualquier instrumento de precisión, un telescopio requiere de ciertos cuidados para mantenerse siempre en las mejores condiciones de funcionamiento. Bien cuidado, un telescopio podrá proporcionarnos satisfacciones durante muchísimos años.
En primer lugar podemos considerar que buena parte de los aficionados vamos a guardar el instrumento en nuestras casas tras cada observación. Esto implica montarlo y desmontarlo en cada ocasión. Evidentemente con el paso del tiempo las partes mecánicas móviles van a necesitar un engrasado. El fabricante normalmente indicará cual es el lubricante más adecuado, pero a falta de referencias, podemos utilizar perfectamente aquellos lubricantes pensados para mecanismos que giren con lentitud, por ejemplo máquinas de escribir. Antes de aplicar el nuevo lubricante, se deben limpiar cuidadosamente aquellas zonas a engrasar. El uso de algún tipo de producto desengrasante sería lo adecuado para eliminar el viejo lubricante, y lo que es más importante, para eliminar la suciedad depositada con el paso del tiempo. Al aplicar la nueva capa de lubricante debemos ser moderados; colocar la cantidad justa y evitar que rebose por las juntas.
Dentro de casa, el lugar donde guaremos el telescopio requiere una cierta consideración. La temperatura no es un factor relevante excepto, claro está, en casos realmente extremos. Pero si lo será la suciedad y la humedad ambiente. No conviene guardar el instrumento en locales polvorientos, pues hay riesgo de dañar las partes mecánicas, o incluso de rayar la óptica accidentalmente. La humedad también resulta sumamente perjudicial pues las monturas con patas de madera pueden verse deformadas afectando a la estabilidad del aparato. Además, en los casos más graves, el exceso de humedad incluso puede llegar a producir manchas en las superficies ópticas. En caso de disponer de monturas con patas de madera, también conviene aplicar una nueva capa de barniz protector contra humedad cada tres o cuatro años. De hecho, aunque la montura sea metálica conviene igualmentre aplicar productos protectores contra la herrumbre cada cierto tiempo.
Aunque no va a ser tan frecuente, en ocasiones deberemos limpiar los componentes ópticos del telescopio. Debe acumularse bastante polvo como para que empiece a afectar al rendimiento del instrumento, pero puede llegar a pasar. Si lo que debemos limpiar es una lente sin tratamento antireflectante, el asunto es sencillo: basta usar un pincel suave de venta en ópticas. Tras eliminar la mayor parte de la suciedad con el pincel, podremos usar un algodón impregando en alcohol, diluido con agua destilada al 50%. Nunca se debe echar el alcohol directamente sobre la lente. Para efectuar la limpieza se deben realizar movimientos circulares partiendo del centro de la lente hacia el exterior. Si la lente tiene un tratamiento antirreflectante debemos ser mucho más cuidadosos. La capa antirreflectante es extremadamente fina y podemos dañarla con relativa facilidad. Soplar el polvo, o incluso usar el pincelillo suave debería bastar. En caso de no ser suficiente, podemos recurrir al algodón empapado en alcohol diluido dando esta vez pasadas verticales lo más suaves posibles. En cualquier caso, este tipo de limpieza deteriorará inevitablemente la capa antireflectante, así que no debemos convertirla en algo frecuente.
La limpieza de los espejos depende bastante del tipo de espejo de que se trate. Los espejos plateados, no demasiados frecuentes, no suelen requerir de limpieza pues el plateado dura alrededor de medio año antes de requerir una nueva capa. Un espejo aluminado puede limpiarse mediante un pincel suave y posteriormente mediante un bastoncillo de algodón impregnado de alcohol isopropílico. La limpieza debe llevarse a cabo con gran suavidad, pues el aluminado es bastante delicado. Es mejor realizar movimientos circulares. Los espejos aluminados-cuarzados, es decir, los espejos en que la capa aluminada reflectante está protegida, presentan menos dificultades. El método es similar al anterior, pero el riesgo de ocasionar desperfectos es mucho menor.