Junto a una buena óptica, un telescopio de calidad se distingue por disponer de una robusta montura lo más estable posible.
Un error común entre los aficionados con menos experiencia a la hora de adquirir un telescopio de presupuesto limitado, es decantarse por el instrumento de mayor diámetro posible que puedan pagar, sin dedicarle demasiada atención al soporte de que dispone. Es relativamente frecuente encontrarnos con monturas sencillas, de apariencia incluso frágil, con grandes reflectores sobre ellas a precios moderados. Una tentación en la que es fácil caer, pero que se revelará como una gran decepción la primera noche de observación en la que sople un mínimo de viento.
La montura debe sostener el telescopio, y debe permitirnos realizar un seguimiento de los objetos observados compensando el movimiento de la Tierra. Pero sobre todo debe mantener el instrumento perfectamente firme. Contemplando el firmamento a través de un telescopio descubrimos rápidamente que hasta la más leve vibración va a convertir la imagen en un borrón. Dependiendo de la calidad de la montura, incluso rozar el telescopio con la mano creará vibraciones, que si bien en condiciones normales son imperceptibles, en este caso pueden impedirnos distinguir nada durante largos segundos. El viento, y no necesariamente un viento fuerte, pueden impedir cualquier intento de observación si la montura no es lo suficientemente robusta. Efecto que se acentúa conforme utilicemos un mayor poder de aumento.
Los tipos de monturas más usuales son: la montura altoacimutal, y la montura ecuatorial.
Montura altoacimutal
Se trata de una montura que dispone de dos ejes mediante los cuales se realiza el movimiento de compensación y seguimiento: un eje vertical, encargado del movimiento en acimut, y un eje horizontal, que permite el movimiento en altura. Mediante estos dos ejes perpendiculares podremos orientar el telescopio en cualquier dirección.
El principal inconveniente, para un aficionado, de este tipo de monturas es que ninguno de los dos ejes por separado va a permitir seguir el recorrido de las estrellas por el firmamento. Es decir, para realizar un seguimiento se deberán accionar ambos ejes simultáneamente. Una labor un tanto delicada en caso de monturas no motorizadas ya que debe ser el aficionado quien, mientras observa a través del ocular, vaya accionando ambos ejes con las manos. Este mismo problema, la necesidad de tener movimiento simultáneo en ambos ejes, complica al aficionado cualquier intento de motorizar la montura. Evidentemente realizar fotografías que requieran un tiempo de exposición elevado, y que por tanto obliguen a seguir el objeto celeste, queda casi descartado.
Por otra parte se trata de monturas sencillas y fácilmente transportables, muy útiles si debemos desplazarnos.
Montura ecuatorial
Este tipo de montura dispone igualmente de dos ejes, pero uno de ellos se orienta hacia el polo celeste. A este eje se le denomina Eje Polar, o Eje Horario. Este eje está inclinado de tal forma que forma un ángulo que coincide con la latitud del lugar. El segundo eje, llamado Eje de Declinación, permite desplazar el telescopio en un movimiento de declinación. Mediante estos ejes obtenemos una montura cuyo plano principal coincide con el plano del ecuador celeste, de ahí el nombre que recibe, y en la que solo es necesario un movimiento para compensar la rotación de la Tierra. Con un único motor es posible automatizar el proceso, pero en cualquier caso, incluso manualmente resulta mucho más sencillo realizar cualquier seguimiento al tener que accionar únicamente un eje.
Evidentemente, para poder utilizar esta montura primero debe orientarse adecuadamente el Eje Polar hacia el polo celeste. Lo que se denomina Puesta en Estación. Para ello resulta necesario localizar el Norte, y la Estrella Polar. Si solo pretendemos realizar una observación rápida puede bastar con orientar el eje polar hacia la Estrella Polar a grosso modo. Evidentemente es un método muy impreciso, pero que en ocasiones nos puede servir. Si por el contrario deseamos sacar fotografías, o realizar observaciones con mayor exactitud existen otros métodos un poco más laboriosos. Por ejemplo, algunas monturas ecuatoriales disponen de un pequeño anteojo justo en el Eje Polar para simplificarnos la tarea de orientación; este anteojo dispone de una cruz a modo de mira en la cual colocar la estrella Polar. Mediante este sistema el margen de error obtenido no es demasiado elevado, aceptable en la mayoría de los casos. Si aun así requerimos de más precisión existen otros sistemas más complejos y precisos, como por ejemplo el denominado método Bigourdan.