Realmente una galaxia no suele ser uno de los objetivos más adecuados, o por lo menos más sencillos, para un aficionado.
Así, de entrada, uno podría pensar que la observación de estas inmensas agrupaciones de miles de millones de estrellas deberia ser una tarea sencilla, pero la lógica y la experiencia nos acaban por mostrar una realidad diferente: su distancia a nosotros es tan grande que las convierte en unos objetos con una luminosidad superficial realmente ténue, y por tanto muy difícil de observar a simple vista. Si queremos contemplarlas en todo su esplendor no nos quedará más remedio que recurrir a la fotografía, ya sea química o digital. En cualquier caso tampoco debemos renunciar a su observación.
A simple vista hay pocas distinguibles, dejando a un lado la Via Láctea, claro está. La Gran Galaxia de Andrómeda, M31, es la más conocida. Si las condiciones atmosféricas y de oscuridad son buenas aparecerá como una pequeña manchita difuminada. Desde el Hemisferio Sur es posible disfrutar con las Nubes de Magallanes, dos galáxias irregulares satélites de la nuestra, la Vía Lactea.
A través de un telescopio, incluso a través de un instrumento profesional, la observación de galaxias tampoco suele resultar espectacular. Requieren de condiciones muy buenas: noches claras, sin luna, y lejos de las luces procedentes de cualquier centro urbano. Es importante que adaptemos el ojo a la oscuridad. Conviene permanecer a oscuras durante, por lo menos, un cuarto de hora o veinte minutos para conseguir que la pupila se abra lo más posible. La mejora es notable. También hay que tener especial cuidado con linternas o fuentes de luz; un destello inoportuno y la pupila volverá a cerrarse necesitando otros tantos minutos de adaptación. Para observar este tipo de objetos tan ténues necesitaremos un telescopio que sea capaz de captar la mayor cantidad de luz posible, es decir, que tenga la mayor apertura posible. Para un aficionado, reflectores con un diámetro entorno a los 20 cm ya pueden resultar satisfactorios. No será necesario el uso de grandes aumentos, alrededor de 60 o 70 aumentos son suficientes si el cielo acompaña. En caso de tener problemas con la contaminación lumínica podremos disponer de filtros especiales que nos permitirán filtrar parte del espectro luminosos impidiendo el paso de la luz de las farolas, por ejemplo. Son los filtros de "cielo profundo", los "Deep Sky". Aun así su uso no ofrece mejoras espectaculares pues inevitablemente filtrarán también una parte de la luz procedente de las estrellas.