Utilizar el mejor instrumento óptico posible no va a ser tan decisivo para realizar unas buenas observaciones, como elegir el lugar más adecuado en el que llevarlas a cabo. Hasta con los mejores telescopios seremos incapaces de ver nada si las condiciones del lugar no son buenas.
Elegir bien el lugar puede suponer, usando el mismo telescopio, poder distinguir estrellas 3 ó 4 magnitudes más tenues.
¿Qué lugares elegir?
La experiencia nos demuestra que lugares apartados y elevados son los más adecuados. Apartados de cualquier fuente de luz contaminante, como por ejemplo la iluminación urbana. Y elevados ya que el grosor de la capa atmosférica que la luz debe atravesar será menor, y por tanto introducirá menos distorsiones. En este sentido es frecuente encontrarnos los observatorios profesionales en lo alto de apartadas montañas.
Realizar observaciones en una ciudad grande como por ejemplo Madrid, o Barcelona es factible, pero debemos tener en cuenta determinadas limitaciones que van más allá de la notoria contaminación lumínica por parte del alumbrado público. Más discreto, pero igualmente molesto, es el efecto del calor. Al situar el telescopio en azoteas, o justo por encima de tejados y chimeneas, nos encontraremos con las turbulencias, que se traducen en imágenes temblorosas, causadas por el aire caliente que se desprende de éstos. Durante el día los rayos de sol calientan estas superficies, y por la noche desprenden el calor acumulado. En el caso de chimeneas y escapes de calefacción el efecto es aún más acusado. Podemos encontrarnos perfectamente con que el espacio hasta varios grados por encima de tejados y chimeneas no nos permite ver nada.
Situar el telescopio cerca de vías muy transitadas, sobre todo por tráfico pesado, tampoco es buena idea. Las vibraciones causadas por este tráfico puede que casi no resulten perceptibles por nosotros, pero sí las notaremos a través del ocular. Si además estamos trabajando con tiempos de exposición elevados para fotografía, el problema se vuelve crítico.
Aquellos lugares en los que reinen fuertes vientos, o turbulencias, tampoco son adecuados, a pesar de que el cielo pueda ser limpio y oscuro. Valles montañosos, mesetas aisladas, zonas costeras, etc., son algunos de estos lugares.
El lugar ideal
El aficionado debería buscar lugares alejados de los centros urbanos, de su contaminación lumínica y atmosférica. Zonas con atmósferas calmadas, con poco viento, cielos oscuros, y a ser posible elevados. No deben haber demasiados obstáculos en el horizonte, como por ejemplo cadenas montañosas, sobre todo en dirección sur en el hemisferio norte, o norte en el hemisferio sur. Si además el paraje es fácilmente accesible, mejor que mejor. A fin de cuentas hemos de tener en cuenta que en buena parte de los casos deberemos transportar el telescopio hasta allá.